Yolixpa, licor sagrado de la tierra

*La receta de la bisabuela Chepa y el susurro de las 23 hierbas, entidades vivas, guardianas del equilibrio interno y un reflejo de las tradiciones que nacen en la Sierra Norte de Puebla

Jaime Carrera

Cuetzalan, Pue.- En las calles empedradas de Cuetzalan del Progreso, donde la neblina baja como un rezo y las montañas respiran con el aliento de los siglos, hay un profundo y antiguo aroma que guía los pasos de quienes visitan este Pueblo Mágico: el perfume verde del Yolixpa, la medicina del corazón.

En náhuatl, yolixpa significa justamente eso: “medicina del corazón”, pero reducirlo a una bebida sería injusto. Es una invocación a la tierra, un licor sagrado que encierra en cada gota la memoria de quienes lo han preparado por generaciones.

Omar Martínez Mora y Mariana García no lo venden como un producto, lo comparten como si entregaran un pedazo de su linaje, de su historia, de la sierra que los vio nacer.

En municipios de la Sierra Norte existe más de una receta para preparar el Yolixpa, pero en particular la de este matrimonio viene de la bisabuela de Omar, Doña Chepa, que contiene una mezcla de orgullo y nostalgia que solo tienen quienes cargan la herencia de los suyos.

“Yo tenía siete años cuando la vi prepararlo. Mandaba a mi tío Braulio por las yerbas, y él, años después, me enseñó a hacerlo. Así aprendí: caminando el monte, reconociendo con las manos lo que otros no ven con los ojos”, dice Omar.

Las 23 hierbas no son simples ingredientes. Son entidades vivas, guardianas del equilibrio interno. Algunas, como el maltantsin, solo nacen en la Sierra Norte de Puebla. Se dan en la humedad exacta, donde la tierra conserva secretos que los botánicos aún no alcanzan a comprender.

Hay que darles su tiempo, cuidarlas, explica Mariana, quien otorga el merecido reconocimiento a Doña Evelia, una herbolaria de Cuetzalan que las cultiva.

Y es que cada botella de Yolixpa en esta receta es una historia fermentada con un resultado que no es solo digestivo, sino espiritual. Tiene un sabor que acaricia y sacude: dulce al principio, amargo como la verdad a mitad del camino, y al final, el fuego del aguardiente que limpia, que despierta. Un ritual líquido.

Apenas hace un año que Omar y Mariana comenzaron a comercializarlo. Comprendieron que la tradición necesita sobrevivir más allá de los recuerdos. Ahora, sus hijas —la cuarta generación— observan, huelen, tocan. Aprenden el ritmo de las infusiones, el momento exacto de la maceración, el peso de lo invisible.

Este Yolixpa se puede probar en distintos rincones de Cuetzalan, en los restaurantes Yoloxochitl y Las Hamacas; en hoteles como Posada La Vereda, Villa Zardoni y San José; y en Puebla capital en la cafetería La Reliquia, detrás de El Carolino. Pero más allá de los lugares, el verdadero destino es el paladar y el recuerdo.

Porque quien bebe Yolixpa no solo toma un trago. Se hermana con la sierra, con las voces que susurran entre el bosque, con los secretos guardados en hojas que curan y protegen. Se bebe como se escucha una historia: con respeto, asombro y gratitud.

Y entonces uno entiende que esta medicina del corazón no es solo para sanar el cuerpo, sino también para recordar quiénes somos y de dónde venimos. El Yolixpa permanece. Es una forma de decir “aquí seguimos”, con la sabiduría de la montaña, con el corazón de quienes aún creen que sanar es también recordar.

 

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